ADITIVOS ALIMENTARIOS

A todos no ha ocurrido que vamos al supermercado y compramos alimentos que creemos conocer, aunque la realidad es que no tenemos la menor idea de cuáles son sus ingredientes. Pongamos por ejemplo el pan. Uno creería que lleva harina, sal, levadura y agua, pero en su etiqueta leemos 15 ingredientes, 11 de lo cuales, no conocemos. Esos ingredientes extras, suelen ser aditivos alimentarios, y de esas sustancias os vamos a hablar hoy.

Es importante saber que la mayoría de los alimentos que consumimos a diario contienen aditivos. Algunos tipos de pan, platos preparados, cereales para el desayuno, carnes y fiambres envasados, refrescos, pizzas, sopas, salsas, alimentos congelados, etc. La lista es muy larga y nuestro desconocimiento nos deja en una posición de inferioridad como consumidores, ya que no sabemos qué estamos metiendo en nuestro organismo asiduamente.

¿Qué son los aditivos?

Las sustancias que se añaden a los alimentos para mantener o mejorar su inocuidad, su frescura, su sabor, su textura o su aspecto se denominan aditivos alimentarios. Algunos de ellos se llevan empleando desde hace siglos para conservar alimentos, como ocurre con la sal (en carnes como el tocino y los pescados secos), el azúcar (en las mermeladas) y el dióxido de azufre (en el vino).

Vamos a explicaros su clasificación en función de lo que ejerce el aditivo en los alimentos:

1. Aditivos que modifican características organolépticas o sensoriales del alimento. Por ejemplo: acidulantes, colorantes, potenciadores del sabor, edulcorantes, aromatizantes, humectantes, espesantes, emulsificantes, etcétera.

2. Aditivos que modifican características físicas o químicas del producto. Entre los que se encuentran: estabilizantes, acidulantes, emulgentes, gelificantes, espesantes…

3. Aditivos que modifican la duración de la comida. Algunos de los más conocidos son: humectantes, conservadores, encurtantes o antioxidantes.

Una característica de estas sustancias es que se nombran con la letra E seguida de números. Esa letra indica que ha pasado los controles sanitarios y que ha sido aprobada por la Unión Europea.

A continuación, aparecen los 3 o 4 dígitos:

  • El primer dígito indica la categoría a la cual pertenece el aditivo, el tipo de aditivo que es: E-1XX: colorantes; E-2XX: conservantes; E-3XX: antioxidantes; E-4XX: estabilizantes, emulgentes, espesantes, gelificantes y emulsionantes; E-5XX: acidulantes, correctores de la acidez, antiaglomerantes E-6XX: potenciadores del sabor; E-9XX: edulcorantes, varios.
    • El segundo dígito hace referencia a la familia del aditivo (en el caso de los colorantes indica el color, en el de los antioxidantes el grupo químico al que pertenecen).
    • El resto de dígitos se refieren a la especie en concreto y sirve para identificar la sustancia.

La industria alimentaria recurre a los aditivos por diversas razones, ninguna de ellas tiene que ver con su valor nutricional. Es decir, no tratan de hacer los alimentos más nutritivos sino alargar la duración, abaratarlos, conseguir que ofrezcan siempre la misma textura, el mismo color y sabor y, sobre todo, que su aspecto resulte atractivo a los potenciales compradores.

Los consumidores nos hemos acostumbrado a unos sabores demasiado dulces, salados e intensos. Ocurre lo mismo con las texturas, todo debe estar esponjoso, con una cremosidad y colores que nos son naturales. Así que nosotros mismos, demandamos esta artificialidad a la hora de comprar, convirtiéndonos en cómplices.

Se estima que al cabo de una año, una persona puede ingerir de 3kg a 25kg de aditivos en función del tipo de dieta que lleve. Lo más escalofriante es que los niños son los mayores consumidores de estos químicos, ya que la mayoría se añaden a los alimentos infantiles.

El problema que se presenta en la actualidad es que estas sustancias, aun estando admitidas por la Unión Europea, no están suficientemente estudiadas en el tiempo. No se sabe qué repercusión pueden tener en nuestro organismo, en determinadas cantidades, durante determinados periodos temporales.

Hay numerosos estudios que las relacionan con alteraciones hormonales, alergias, asma, hiperactividad infantil, incluso cánceres. Son demasiadas voces las que resuenan entre médicos y nutricionistas como para no hacerse eco y optar por la prudencia.

Por todo ello, desde Bio Sabor, una empresa ecológica que opta por la eliminación de tóxicos en sus alimentos, recomendamos una vuelta a la esencia. Sin artificios, ni químicos innecesarios nutricionalmente.

La opción más natural, siempre será la opción más saludable.

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