El intestino, nuestro segundo cerebro

Desde la antigüedad el intestino se ha considerado el segundo cerebro, no es casualidad que Hipócrates, el padre de la medicina actual firmara la frase: “Que la comida sea tu alimento y el alimento tu medicina” o que explicara en repetidas ocasiones que el cuerpo está totalmente relacionado e intercomunicado.

Durante el desarrollo fetal, las mismas células se dividen creando unas el sistema nervioso central, es decir, el cerebro, mientras que las otras desarrollan el sistema nervioso entérico, es decir, el intestino. Cerebro e intestino parten del mismo tejido, por eso son físicamente parecidos. Desde su desarrollo embrionario quedarán unidos para siempre por el nervio vago, que va desde el tronco encefálico hasta la zona que está debajo del abdomen. Por eso cuando estamos nerviosos nuestro estómago se cierra llegando incluso a vomitar o  cuando estamos enamorados sentimos mariposas en el estómago.

 

Hasta hace poco, pensábamos que la dirección de información siempre era del cerebro al intestino. Investigaciones recientes nos muestran cómo esta relación cerebro-intestino es bidireccional, el intestino puede modifica nuestra actividad cerebral. En la actualidad, ya sabemos que en el tracto gastrointestinal se alojan 100 millones de neuronas, más o menos las mismas que tiene el cerebro de un gato o perro.

Otro dato importantísimo es que esta gran cantidad de neuronas intestinales producen la mayoría de los neurotransmisores corporales cuya información actúa sobre todas las células, regulando las funciones corporales. De hecho se produce y almacena el 95% de la serotonina, implicada en procesos emocionales y físicos, como el apetito, la impulsividad o la temperatura corporal entre otras funciones. Otro de los neurotransmisores más importantes producido en el intestino es la dopamina, encargada de estimular la repetición de experiencias placenteras como pueden ser comidas o drogas, pero también es importantísima en los procesos de aprendizaje.

Llegados a este punto, ya podéis imaginar la importancia que tiene el intestino en nuestro cuerpo. Incluso ya podéis sospechar que cuando un intestino no funciona correctamente, nuestros neurotransmisores empiecen a fallar y su información a las células sea errónea, insuficiente o excesiva, provocando enfermedades de todo tipo, incluidas las psicológicas.

 

¿Pero en qué consiste la salud intestinal? ¿De qué está compuesto el intestino? La mayoría de las personas desconocemos que en nuestros intestinos se halla un mundo bacteriológico microscópico responsable de nuestra salud. Se llama microbiota intestinal y algunos científicos la consideran un nuevo órgano. El desarrollo de la microbiota comienza en el nacimiento ya que el bebe nace estéril. Esto significa que está completamente influenciada por las condiciones externas como son el nacimiento, la dieta, el entorno o el uso de antibióticos entre otros factores. Así que nuestros 100 billones de bacterias intestinales de un peso aproximado de 2kg, regulan las funciones de la nutrición, del desarrollo y crecimiento, del sistema inmunológico, del sistema endocrino y la inflamación sistémica.  Se podría decir que los seres humanos somos superorganismos regulados por los microorganismos hospedados en nuestro intestino.

Cuando la microbiota está equilibrada el funcionamiento del cuerpo es excelente, nuestra mente rinde plenamente y nuestro ánimo es alegre. Cuando la microbiota está desequilibrada (disbiosis intestinal) comienzan muchas molestias o enfermedades. Algunos científicos atribuyen a la disbiosis intestinal algunas epidemias contemporáneas de los países desarrollados como son las alergias, el asma o la obesidad, enfermedades muy habituales entre los niños actuales. También han encontrado conexión con enfermedades psiquiáticas como la depresión, esquizofrenia o el autismo, donde se ha descubierto que uno de los síntomas de dichas enfermedades es que casi la mayoría de estos enfermosos tienen problemas gastrointestinales. También encuentran nexos de unión con las enfermedades autoinmunes como la celiaquía, diabetes, artrosis, vitíligo, etc.

 

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¿Cómo podemos equilibrar nuestra microbiota? Hay que dejar claro que la salud del intestino no depende solamente de las bacterias, hay que tener muy en cuenta la flora intestinal, pero a ella habría que dedicarle otro artículo. Indudablemente tanto la microbiota como la flora intestinal se equilibran, sanan o recuperan a través de la dieta. ¿Recordáis cómo empezaba nuestro artículo? Con las palabras de Hipócrates: “Que la comida sea tu alimento y el alimento tu medicina” Nuestro cuerpo está diseñado para que obtengamos casi todos los nutrientes y organismos necesarios a través de la comida, así que aprovechémoslo al máximo para mejorar nuestra salud. Necesitamos una dieta equilibrada, lo más natural posible, porque de ella depende nuestra salud física y emocional. Más aún en los niños, cuyos cuerpos y mentes se desarrollan dependiendo de los nutrientes que lleguen a sus órganos. ¿Cómo puede ser posible que la salud de nuestros pequeños en los países desarrollados sea tan inestable? Deberíamos revisar sus dietas y comprobaríamos que los alimentos procesados están repletos de aditivos, colorantes, antioxidantes, saborizantes que desequilibran sus organismos. Las grasas trans, también añadidas en este tipo de productos, son cañonazos a sus intestinos. Muchas de las enfermedades infantiles son la consecuencia de la inadaptación de los organismos a las nuevas maneras de alimentarse, con químicos y sustancias para los que sus cuerpos no están preparados.  

Volvamos a cocinar, a utilizar materia prima fresca y de temporada, así mismo es fundamental introducir alimentos probióticos, es decir alimentos compuestos por bacterias beneficiosas. Deben ser lo más natural o ecológicos posible ya que en los procesos de industrialización mueren.

Algunos de los alimentos probióticos son:

          Kefir es leche fermentada con lactobacilos y bacteria bifidus, se puede hacer fácilmente en casa, preferiblemente con leche de cabra ecológica ya que tiene más probióticos.

          Yougur, igualmente recomiendo hacerlo en casa, con la yougurtera y con leche ecológica.

          Chucrut, compuesto por col fermentada. En internet hay innumerables tutoriales explicando cómo se puede hacer de forma fácil en casa.

          Té Kombucha, es un té fermentado con muchísimas propiedad no solo intestinales sino antioxidantes y destoxificantes.

          Encurtidos naturales de pepinillos, son muy probióticos pero tienen que ser lo más natural posible, como los hacían nuestros antepasados.

          Quesos curados y elaborados con leche cruda de cabra, son el tipo de queso más beneficioso lleno de probióticos y de vitaminas.

          Microalgas, se ha estudiado su influencia positiva en el organismo, la espirulina, chlorella y las algas azules o verdes, son súper alimentos marinos con propiedades curativas y probióticas.

 

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En la actualidad hay abiertas muchísimas investigaciones sobre la relación entre el intestino y el cerebro. Hasta ahora el intestino era el “gran desconocido” y es urgente que se siga investigando en él,  ya que da respuestas a muchas enfermedades cuyas causas se desconocen. La nutrición también ha sido una materia muy secundaria en nuestra sociedad, a pesar de que la alimentación es fundamental para el desarrollo humano. Debemos ser conscientes de la importancia de lo que entra en nuestro cuerpo, ya que todo influye en él y por tanto en nuestra salud física y mental. Desde Bio Sabor os animamos a alimentaros de una manera equilibrada y ecológica porque creemos que las sociedades sanas están compuestas por seres sanos y felices.

3 comments

  1. Tamara says:

    Muy interesante y hace que nos demos cuenta de lo mal que nos alimentamos hoy en día la mayoría de la gente. Me encantaría leer más artículos de este tipo. Gracias!

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