Berenjena

“La manzana loca”, así era como llamaban ala berenjena antes de empezar a consumirla cocinada. Tradicionalmente era utilizada en medicina para combatir inflamaciones cutáneas y quemaduras, incluso algunos médicos la usaban directamente sobre las hemorroides.

No fue hasta el siglo XVII cuando se introdujo en la alimentación española, aunque esta transición, de su uso tradicional en medicina a su uso culinario, no fue fácil. Su alto contenido en alcaloides como la solanina, hizo que se culpabilizase a la berenjena de varios males como flatulencias, el mal aliento, lepra y hasta la locura. Lo que se asoció con su consumo crudo, hasta que se descubrió que la solanina puede ser tóxica si no se cocina, lava o elige un fruto maduro

Si bien es cierto que su pulpa es mayoritariamente agua y fibra, tiene la peculiar acción de dificultar la absorción y deposito de las grasas en arterias y tejidos. Por esto se aconseja que al hacer una comida rica en grasas, acompañar con berenjena. Por la misma razón será beneficiosa en personas con hígado graso. Y antiguamente se usaba la pasta del fruto sobre quemaduras, como remedio bastante efectivo.

Ahora bien, el secreto de esta verdura está en el color morado de su piel donde se encuentran la mayoría de sus compuestos beneficiosos para la salud.

En particular en la piel se encuentra el nasusín, sustancia que enriquece mucho el valor nutricional de la berenjena, gracias a su capacidad para disminuir la formación de radicales libres. Esto le confiere protección a las células frente a un daño oxidativo (que de ser muy grande podría derivar en otras enfermedades), así como la protección de los lípidos de las membranas celulares del cerebro, las articulaciones y en consecuencia el riesgo de padecer artritis reumatoide (aunque una vez desarrollada la enfermedad no se aconseje su consumo por el contenido en alcaloides), e incluso reducir los niveles de colesterol.

Otros compuestos presentes en la piel y minoritariamente en la pulpa, son dos derivados fenólicos, el ácido clorogénico y el ácido cafeico. Ambos son responsables de la coloración marrón que adquiere el interior del fruto al ser cortado.

El ácido clorogénico supone el 75% de los ácidos fenólicos totales en la berenjena y es considerado de los antioxidantes más poderosos encontrados hasta ahora en plantas, con los beneficios correspondientes para la salud.

La berenjena es uno de los alimentos más adecuados para mejorar la circulación, pues relaja las paredes de los vasos sanguíneos. Como se ha visto anteriormente, ayuda a reducir el colesterol acumulado en sangre, además de facilitar la digestión y estimular bilis.

La versatilidad culinaria de la berenjena nos permite cocinarla tanto a la parrilla, como rellenas o formando parte de guisos. También es popular en el ámbito internacional, siendo protagonista en platos como la parmigiana italiana, la musaka griega o el bainganbharta, que es un delicioso paté de berenjenas al curry hindú.

 

Composición nutricional la berenjena cruda y hervida

Componente 100 gr de berenjena cruda 100 gr de berenjena cocinada
Energía (Kcal) 25,00 35,00
Agua (gr) 92,30 89,67
Proteínas (gr) 0,98 0,83
HC (gr) 5,88 8,73
Fibra (gr) 3,00 2,50
Azúcares totales (gr) 3,53 3,20
Grasa total (gr) O,18 0,23
Calcio (mg) 9,00 6,00
Hierro (mg) 0,23 0,25
Magnesio (mg) 14,00 11,00
Fósforo (mg) 24,00 15,00
Potasio (mg) 229,00 123,00
Zinc (mg) 0,16 0,12
Vitamina C (mg) 2,20 1,30
Ácido fólico (mcg) 22,00 14,00
Niacina (mcg) 0,26 0,60
Vitamina B5 (mg) 0,281 0,07
Vitamina K (mcg) 3,50 2,90
Vitamina A (UI) 23,00 37,00

 

Fuente: USDA National Nutrient Database for Standard References